Introducción
Para contar mi historia tendré que mirar muy atrás- Seguramente tendré que irme a los primeros años de mi infancia; es más, quizá tenga que llegar hasta mis propios ancestros.
Cuando los poetas escriben alguna de sus novelas toman el papel de Dios, logrando comprender y relatar una historia humana en su más pura esencia, como si el mismo Dios se las hubiera relatado. Creo que yo soy incapaz de ello, pues la historia que pienso contar, a diferencia de la que pudiera exponer cualquier otro poeta, es muy importante para mí, ya que se trata de mi historia, de la historia de un hombre. No estoy hablando de un personaje imaginario, sino de uno de carne y hueso, vivo y único. En la actualidad muy pocos logramos entender lo que esto quiere decir, en verdad: un hombre vivo. Quizá por ello, vemos constantemente cómo se destruyen las vidas de miles y miles de hombres, cada uno de ellos una manifestación pura de la naturaleza. Hacer desaparecer a un hombre mediante una bala sería algo muy sencillo si no fuéramos algo más que individuos aislados; y entonces no tendría objeto alguno contar historias. No obstante, cada hombre es un punto único, importante y peculiar en donde convergen los fenómenos del mundo una sola vez. Y es por ello que, mientras una persona viva y cumpla la voluntad de la naturaleza, la historia de cada hombre debe ser digna de toda atención; esto es algo simplemente maravilloso.
Dentro de cada hombre podemos encontrar un espíritu que sufre y que se crucifica; asimismo, en cada crucifixión podemos encontrar a un salvador. Hoy en día pocos son los que en verdad reconocen lo que es un hombre, pues la mayoría sólo lo presienten. Estos últimos mueren más tranquilos y aliviados, de la misma manera en que yo lo haré cuando termine de relatarles la siguiente historia.
Seria absurdo decir que soy un sabio. Simplemente creo ser un hombre que ha buscado y que sigue en la





















