viernes, 17 de diciembre de 2010

Estrés: Respuestas

Las respuestas al estrés se pueden agrupar en fisiológicas, cognitivas y de conducta. Algunas de estas respuestas pueden ser consideradas como involuntarias, mientras que otras se inician voluntariamente en un esfuerzo consciente de afrontamiento. La principal consecuencia fisiológica, es la elevación arousal o activación.

Las respuestas cognitivas están relacionadas con el proceso de valoración (primaria o secundaria),  anteriormente analizado. La forma en que el sujeto percibe su medio o , en otros términos, filtra y procesa la información de éste y evalúa si las situaciones deben ser consideradas como relevantes o irrelevantes, aterrorizantes o inocuas, determinará en gran medida las posibilidades y las formas en que le afectará el estrés. Deacuerdo con Meichenbaum y Tuk (1982), se puede considerar tres tipos característicos de enfrentamiento al estrés:
  1. Uno de ellos sería el de los sujetos que, ante una situación de estrés, más que centrarse en las demandas de la situación, se centran en sí mismos, preocupados por cómo les afecta la situación o cómo la sienten. Serían los denominados sujetos autorreferentes. Estas personas, al no prestar atención suficiente a las características del medio, no tendrán claves adecuadas para orientar sus conductas. Por tanto, es muy probable que sus respuestas sean incorrectas y que las consecuencias del medio sean negativas, lo que irá aumentando de forma progresiva el malestar y la activación.
  2. Un segundo tipo, que podría denominarse autoeficaz, sería el de las personas que se centran en analizar las exigencias de la situación para poder dar una respuesta adecuada a las características específicas de ésta, por lo que sus conductas probablemente serán más adecuadas para afrontar el estrés y las consecuencias de su acción serán más positivas.
  3. Un tercer tipo es el de aquellas personas que niegan la existencia de problemas o demandas del medio, en especial en aquellas situaciones que perciben que no pueden hacer nada. Sus conductas no serán adecuadas para solucionar la situación problema, pero no se angustian ni se activan ante el estrés. Es decir, no solucionarán el problema, pero por lo menos los correlatos negativos de la activación fisiológica excesiva o deterioro consecuente no se presentan.
Autoreferencia:

  • Preocupación por la propia realización sobre todo en su comparación con los otros.
  • Excesiva preocupación por el problema sin búsqueda de posibles conductos eficaces.
  • Preocupación por las respuestas corporales.
  • Consideración reiterativa sobre posibles consecuencias negativas de una conducta inadecuada.
  • Ensamientos y sentimientos referidos a la propia inutilidad.
Autoeficaces:
  • Alto concepto de la propia eficacia.
  • Aprenden a desarrollar habilidades.
  • Buscan más información.
  • Prestan atención para identificar posibles obstáculos.
Negativistas:
  • Niegan la existencia del problema.
En lo referente a las respuestas motoras (comportamientos observables), hay que hacer referencia, en primer lugar, al estilo de vida. Éste regula o determina la probabilidad de aparición de demandas importantes del medio. Así, determinadas zonas de residencia y condiciones ambientales facilitan en mayor o menor grado la aparición de situaciones estresoras y la reacción posterior. Algo parecido puede decirse respecto a las actividades emprendidas por el sujeto. Las respuestas básicas ante situaciones de estrés son enfrentamiento (ataque), huida o evitación y menos frecuente pasividad (colapso). Las dos primeras implican intensa activación fisiológica, para la que el organismo está adaptado.

Sin embargo, esta activación tiene poca utilidad en el mundo industrializado, donde rara vez son necesarias respuestas físicas para superar situaciones de estrés. Por el contrario, si se necesitan importantes respuestas cognitivas, más adaptadas socialmente y más útiles para superarlos retos del medio ambiente. Estas respuestas cognitivas no pueden utilizar el incremento de energía movilizada, lo que implica, además del desgaste producido por la puesta en marcha de estos recursos, el problema de una acumulación excesiva de productos no utilizados, ni utilizables, que pueden favorecer el desarrollo de trastornos fisiológicos y psicológicos.

Como señalan Labrador et al. (1991), ordinariamente el enfrentamiento o la huida de situación de estrés se desarrollarán en forma de respuestas específicas, aprendidas en ocasiones anteriores, cuya utilidad o incorrección vendrá determinada por sus consecuencias. Por lo tanto, el que se disponga de habilidades más o menos adecuada para hacer frente a las situaciones de estrés depende, además de una información precisa de la situación a la que se ha de responder, de que haya tenido posibilidad de aprender conductas adecuadas y haya obtenido un reforzamiento suficiente en ocasiones precedentes.

Fuente: José Miguel Latorre Postigo y Pedro José Beneit Medina. Psicología de la Salud: Aportaciones para los profesionales de la Salud. Buenos Aires, Li,em, 1992, 2º Edición. Capítulo 4 Pag. 57-75

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